Todo iba perfecto: salí con una amiga el fin de semana a hacer turismo rural en la Galicia profunda; a la vuelta, quedé con unos amigos para correr, un deporte que practico asiduamente; al día siguiente, comí con mis padres para hacer una celebración familiar. Aunque estoy de vacaciones tengo que hacer un trabajillo pendiente que me roba bastante tiempo.
Fui a entrenar por la tarde a una zona donde conozco a muchos atletas y cuando estaba llegando a la pista de atletismo... veo un coche aparcado que me pareció el suyo cerca del aparcamiento donde iba a dejar el mío. Según me acercaba a él, centraba mi mirada en su matrícula pero al poco tiempo corroboré que era su coche... Mi corazón se disparó, hice un amago de aparcar a su lado (no tengo ni idea porqué), miré a todos lados para ver si se encontraba por allí cerca, pero no estaba.
Mientras entrenaba no me la podía quitar de la cabeza, qué estaría haciendo, con quién estaría, dónde estaba, etc. La verdad es que no quería saberlo, sabía que cualquier cosa que viese, me daría lugar a malos pensamientos, pero mi mirada seguía enfocada a su coche y alrededor mío, por si pasaba por allí. Me hubiese gustado verla para ver si sigue tan guapa como siempre.
Tuve un sentimiento que hacía tiempo que no sentía, el mundo se me echó encima. Al principio del entrenamiento iba acompañado por amigos, con los que hablaba. En el momento en que me puse a entrenar "en serio" (iba a hacer unas series rápidas) pensaba más en ella. Me acerqué al coche a por el reproductor de MP3 (era sólo una escusa para llegar cerca de su coche). Según acababa cada serie, estaba más agotado, pero la sensación de dolor que tenía me obligaba a sufrir más, tanto que en la penúltima serie sentí mareos que me hicieron echar las rodillas en el suelo, ante el asombro de los transeuntes. Sentía que era como una penitencia... Me aliviaba el dolor seguir sufriendo. Cuando estaba en el suelo con las manos en la cara y éstas contra la hierba de la zona interior de la pista, comencé a llorar... Casi no podía respirar y me puse a llorar desconsoladamente, no me importaba que me viese la gente que paseaba por allí.
Sentí una sensación propia de la primera vez que me lo dejamos, hace más de un año. Es horrible.
Tengo una especie de diario que guardo de las noches en vela que me pasé los meses siguientes a la primera ruptura, posiblemente los publique para recordarme que lo pasé mal una vez y que no quiero pasarlo mal otra vez.